Ioiz

Noches que me desvelaba la tristeza yo buscaba a mi hermano. Golpeaba la puerta de su habitación y él ya sabía que necesitaba un abrazo (no cualquiera, el suyo). Y si con eso no bastaba, tiraba un colchón a su lado. 
Todavía lo busco cuando decaigo. Entro a su habitación y me tiro en la cama, abrazo fuerte la almohada y me dejo vencer. Me pregunto una y otra vez por qué tuvo que irse, por qué pasó lo que pasó. Me reprocho lo mismo que reprocho cuando pienso en mamá: no haber disfrutado más su presencia. No haber estado más tiempo cuando todavía lo podía hacer.
Creo que confiaba en que me sobraban años para acompañarnos, que él iba a seguir viviendo conmigo. De hecho siempre pienso lo distinto que hubiese sido todo si él estuviese a mi lado. Tenía ganas de seguir descifrando lo que sentía o lo que pasaba por su mente porque expresarlo no era lo suyo. 
Mi hermanito sacó la simpleza y el corazón de mamá y papá (además de lo chinchudo -de papá, obvio-). A cuatro años de su partida, la habitación sigue intacta. Papá me preguntó si quería darle algún uso para que no se vuelva una especie de "museo" al que miramos con nostalgia. Le dije que todavía no me siento para hacerlo. Eso es lo único que me queda de él porque no encuentro a Joaquín en otro lado. Para ser franca, las pocas veces que fui al cementerio me resultó bastante tétrico. Mi hermano es mucho más que una placa de mármol.



Comentarios

  1. Te amamos Joaquin, te recordamos, te adulamos, te inmortalizamos, y sabemos que sos mucho más que una placa de mármol.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario