Me aturdo en el ruido de mis preguntas,
el desconcierto de lo acontecido
y la impotencia de mi sentencia a contratiempo.
Limito mi discurso
para después ahogarme
en palabras que yo misma guardé.
Pierdo el horizonte en medio de la penumbra
y lo encuentro cuando ya no lo necesito.
Me tropiezo en modo avión
y sufro el golpe con delay,
pero profundamente.
Llego tarde.
Comentarios
Publicar un comentario